lunes, 27 de julio de 2009

Combat Jack
(fragmento)


Que no era cierto, le pareció. No había una belleza, ni augurio de vitalidad en el desierto. No en ese desierto, al menos, cargado con un manto amarillo de polvo. Se ve como una postal estática e incandescente de Mesopotamia. Una postal cuyo concepto es la sequedad y los aspectos más trágicos de la sequedad: el sudor, el ensimismamiento, el sudor en las bolas y en el pico, pensó. Se pasó una mano por el culo y sintió el sudor de su cuerpo. No le gustó.
-Combat Jack- dijo una voz ronca.
-En eso estamos- respondió Barnes.
Estaba a unos metros, Barnes. Lo suficiente como para poder pajearse con cierta intimidad. Entonces la voz dijo “cinco minutos” y se alejó.
-No puedo- dijo, aceptando su imposibildad de concebir alguna fantasía sexual en ese momento. Se abrochó el pantalón.
- No vale la pena insistir- dijo Barnes- Cuando no se puede, no se puede.
- Motherfucker- dijo, con los dientes apretados, mientras veía que Barnes, tal vez incentivado por su propia resignación, también desistía de pajearse y se abrochaba el pantalón.
- ¿ Puedo volarle la cabeza a un hayi, pero no puedo eyacular?- preguntó Barnes, retórico.
- La frustración es el motor del guerrero- dijo, con una sonrisa dudosa. Y Barnes se alejó unos metros, como si la respuesta le ofendiera.
Entonces volvió a pensar en el asunto de la belleza. Que los hayis tenían un bonito país, con bellas ciudades. Podía ser. De cualquier forma, aquellos comentarios del sargento Liddy carecían de una lógica evidente: el mal gusto de apreciar una belleza que se planea destruir.
-¿Terminaste, chile?- dijo la voz ronca, que volvía a aparecer de la nada.
-No pude, teniente- respondió.
-No es tan difícil. Solo se necesita imaginar un par de tetas-dijo la voz ronca, la voz de Gutierrez, y después le preguntó lo mismo a Barnes y recibió la misma respuesta.
-Pues cuando no se puede, no se puede- dijo Gutierrez.
-Amen, teniente- dijo Barnes, con desgano, cansado.
-En 10 minutos a los Humvees. Bravo va a guiarnos hacia Al Kut-

Y Barnes y él se pusieron de inmediato en marcha y se reunieron con el resto del segundo convoy de la tercera división de Recon marines. Eran dos más: el sargento Liddy y Charlie Watergate.
- ¿ Vienen los dos bien eyaculados?- dijo Charlie Watergate, riendo- Chile, no quiero ese semen hispanico en mi Humvee, lávate las manos-.
- Shut the fuck up- dijo él, enojado, mientras se subía en el asiento trasero y tomaba el fusil.
- ¿Mala suerte, caballeros?- dijo el sargento Liddy.
- Cuando no se puede, no se puede- dijo él, y después volvió a mirar hacia el desierto, y vio los edificios en ruinas que habían sido volados por un tanque LAV, ahí en las afueras de Al Kut.
Habían muerto once hayis la noche anterior, todos civiles. Eran estudiantes universitarios. Lo que le pareció más trágico fue el comentario que el sargento Liddy había hecho al ver los cuerpos tiesos de los hayis.
- Este desierto tiene una belleza, un augurio de vitalidad- había dicho Liddy, que se creía poeta, mientras miraba ensimismado los cadáveres.

Y el sintió un profundo malestar ante esas palabras, no como si fueran una falta de respeto, sino más bien una tentación de la suerte. Como si la única posibilidad de mantenerse vivo en Irak fuera el más completo aislamiento mental de frases como esas, relacionadas con la belleza, con la incandescencia de la belleza. Fuera eso, quizas, lo que le impidió concebir la fantasía y terminar su Combat Jack, su paja, su necesaria eyaculación de combate.

lunes, 8 de septiembre de 2008

El Choro

- ¿ Oye pendejo, vos sabis lo que es el Choro?

En el despacho estaba la señora Mutis, que reacciónó con cierta incomodidad a las palabras de Jorge Soria, mirándome de reojo. Se notaba que la señora Mutis había presenciado esas intervenciones algo incómodas y vagamente sexuales de Jorge Soria durante años, y que si bien había aprendido a contenerse, no se podía contener del todo.

- El choro es un símbolo, pendejo. Un tipo valiente, aguerrido, dispuesto a batallar. Algunos huevones dicen que Choro significa “ voz común en el hampa” , pero yo soy militante del Partido Socialista.
- Ya veo, don Jorge
- ¿Tu militas?
- No, don Jorge
- Mal, pendejo, mal. Tu deberías militar en el Partido Socialista de Nuñez
- Tiene razón, don Jorge

El despacho de Jorge Soria era una pieza grande, enfundada en una alfombra verde, con dos sillones de cuero que se situaban en diagonal, frente al escritorio. En la pared detrás del escritorio habían algunas fotos de Familiares de Jorge Soria, su atractiva esposa, su hijo. A la izquierda, un ventanal permitía ver el sector más limpio y cuidado de la playa de Iquique. Un retrato de Salvador Allende adornaba la pared a la derecha. A su lado se veía una foto de Jorge Soria con Salvador Allende, abrazados, sonriendo, en 1971.

- Esta es la república independiente de Iquique pos huevon.
- Eso había escuchado, don Jorge

viernes, 15 de agosto de 2008

Sardinas
del “diario del abuelo”
Abril, 1984

"A mi fue Gunther quien me inició en el credo nacional socialista, Eramos jovencitos y Gunther un muchacho tímido, para nada violento, un hombre que tenía sus dudas con respecto al credo pero que lo defendía, lo defendía y lo intelectualizaba. Yo me rendí rápidamente a las bondades del credo, pero Gunther soñaba con ser un artista, un pintor o un escritor de novelas. Aún así, Gunther tenía sus arranques de violencia. En 1937, lo vi azotando a un comunista en una barrida de los camisas pardas en la Talenstrasse, con una violencia inusitada en Gunther, que le pegaba en las rodillas a un comunista, hasta que se escuchó el quebrar de los huesos, un rechinar espantoso de las rodillas y la tibia, y ese fue uno de los momentos gloriosos de mi infancia...".

"Cuando el Reich se alzó en el poder, Gunther estaba triste. Era como si Gunther no validara el credo desde el poder, como si sólo desde la oposición al poder se pudiera ser realmente puro. A Gunther le interesaba la pureza. Hay que ser puro, decía. Hay que ser limpio. Una vez se acercó a un jovencito vendedor de diarios y le dijo: Hay que ser puro, chiquillo. El niño no supo cómo responder. A mi me gustaba la idea del Fuhrer en el poder. Me parecía una buena oportunidad de afianzar el corporativismo. Yo creía mucho en el corporativismo y odiaba a los comunistas. Yo había nacido para apalear comunistas, pero Gunther no creía en el Reich asentado en el poder, no señor, el no creía en eso...".

"A Gunther los SS los molestaban por sensible, por marica. Era Gunther un tipo de movimientos afeminados, pero no en un sentido homosexual, señores, sino en el sentido más preclaro de la elegancia masculina. Gunther no creía realmente en el credo, y he ahí el motivo de su eterna fragilidad. Una noche estábamos torturando a un gitano en el matadero. Nos divertíamos con los fierros calientes y ciertas experimentaciones testiculares. El humo de puros y pipas de tabaco se confundía con el hálito asqueroso de ciertos compañeros borrachos, y yo me ensañaba con el gitano, a puro fierro caliente, así como dios manda. En algún momento Gunther se retiró de la sala. Lo vi salir apurado, como si estuviera a punto de vomitar. Salí a buscarlo y lo vi encorvado, sentado en el piso y con la espalda encorvada, apoyándose en la muralla, aspirando un cigarro y con la mirada hundida en el piso. Me acerque con lentitud, me pare frente a él . Su mirada estaba hundida en el piso. El gitano está calientito, hermano, le dije a Gunther, creyendo que eso lo entusiasmaría. Levantó la vista y me dijo: somos como sardinas. Eso me dijo. Y antes que yo pudiera responder a eso ( ¿pero cómo se podía responder a eso?) Gunther dijo: Voy a ser un escritor de novelas"

"Cuando se comunicó oficialmente la entrada del frente Ruso, nos escapamos a ciudades diferentes. Yo partí a Colonia. Gunther a Frankfurt. Quedamos de juntarnos en una posada en las afueras de Colonia, pero Gunther nunca llegó. Y así pasó: nunca más volví a ver a Gunther. Antes de partir hacia Estados Unidos, como un inmigrante de mierda, ataqué a una tropa de judíos comunistas que se creían ya libres, los ataqué con un machete en las afueras de Colonia. Y cuando llegué a Estados Unidos me instalé en Los Ángeles, tras contactar a otros compañeros exiliados que eran bienvenidos en ciertos barrios de Venice Beach en los que había una simpatía por el nacionalsocialismo, o más bien un desprecio generalizado por los negros, y ahí, en esos alojamientos clandestinos, se podía vivir bastante bien. Pero no había limpieza.
No había esa limpieza de la que hablaba Gunther, mi amigo Gunther, allá en la patria, en los años previos al Reich"

viernes, 1 de agosto de 2008

Johnny Apple seed


Toro nació en la miseria. Toro pasó hambre ( un hoyito debajo de las costillas) y escribió sus primeros cuentos con la excitación enferma del hambre, que le hacía unas cosquillas en las yemas de sus dedos redactores. Toro venía de Santiago sur, de la comuna de San Miguel. La niñas de San Miguel lo consideraban un tipo feo.Toro tuvo una niñez esforzada, educado en el marxismo dialéctico y en la retórica como arma de lucha. Toro no tuvo pololas. Toro nunca, en sus 45 años, hizo el amor. Toro se peleó a combos 22 veces en la educación básica, 27 en la media y 15 en la universidad.
. Toro ganó 17 de esas peleas, y perdió las 54 restantes. Toro no fue partidario de Allende. Toro se situaba a la izquierda de Allende. Durante la dictadura de Pinochet, Toro estuvo preso cinco veces en Santiago y dos en Valparaíso. Toro nunca habló de lo que pasó en la cárcel de Valparaíso. Se acabo la dictadura y Toro no habló más de política, prefirió, en su defecto, hablar de literatura. A principios de los noventa, Toro comenzó a escribir . Primero imitó a Onetti. Después imitó a Italo Calvino. Imitó a Proust y a Paul Bowles hasta el hartazgo, y de a poco derivó en el plagio de cuentos policiales y se enroló en el taller de Antonio Skarmeta. No duró mucho. No lo trataron bien. Le dijeron que para escribir había que leer. Lo echaron. O le pidieron que se fuera. Toro se fue del taller y vio como de a poco sus ex compañeros comenzaban a publicar y a vender y a viajar promocionando libros. En 1995, cuando algunos de sus contemporáneos, más jóvenes que él, ya viajaban por Estados unidos y dictaban conferencias por Latinoamérica, Toro auto editó su único libro de cuentos, titulado El amor la patria la conciencia política Sic transit gloria, compilación de cuentos cuyos logros eran escasos. Las historias eran policiales y, la verdad sea dicha, muy básicas. Las soluciones a los crímenes eran a prueba de tontos. Si bien las cifras nunca son exactas, se vendieron en total 27 ejemplares de El amor la patria la conciencia política Sic transit gloria a nivel nacional, la mayoría a familiares y vecinos de Toro, en la comuna de San Miguel. El día de su cumpleaños número 45, Toro desapareció. Sus familiares y sus vecinos hicieron algunos escasos esfuerzos para encontrarlo, pero dada la naturaleza de Toro, dado el hecho casi indiscutible de que Toro no estaba hecho para resistir el juicio de este mundo, lo dejaron salir placidamente de sus vidas. Nadie, casi nadie, volvió a verlo. Algunos dicen haberlo visto, años después, merodeando por la SECH, por el Consejo del Libro, por la Casa de los Talleres, que merodeó por los entornos aledaños a la casa de Antonio Skarmeta para atormentarlo, eventualmente asesinarlo o , en su defecto, mutilarlo. Mientras unos decían que ahora Toro tenía el pelo largo, pedía que lo llamaran Johnny Apple seed en vez de Toro, y se había dejado el bigote. Otros aseguraban que se estaba quedando sin pelo y estaba muy gordo, venido a menos, como si fuera un saco lleno de agua pestilente. Algunos dicen que tuvo problemas con la policía, preso en la Cárcel pública de Valparaíso por su complicidad en un homicidio. Que adentro de la cana se degeneró hasta un punto infinito. Y después de vuelta. Dicen que salió a los seis meses por buena conducta. Hace poco, supimos que Toro habría muerto, producto de un aneurisma cerebral. No supimos de funerales ni avisos en el diario. Las declaraciones son confusas. Contradictorias.
Mentiras, finalmente.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Norther Winslow ( selected poems)




"Roses are red. Violets are blue. I love Spectre"


"The grass so green. Skies so blue. Spectre is really great!"

jueves, 15 de noviembre de 2007

Un hombre malhumorado


Mi abuelo me enseñaba que la Teletón es lo peor del espíritu chileno. Nunca se ha visto, decía el abuelo, un desfile de mediocridad y mal gusto que se compare a ese espectáculo grotesco. El abuelo siempre me pareció una persona resentida y amarga, pero lo que decía con respecto a la Teletón me parecía acertado. Cuando era adolescente mis compañeros decían que no había forma de que Mario Kreutzberger aguantara las 27 horas animando sin pegarse en la pera, y yo estaba de acuerdo. No creo que Mario Kreutzberger aguante las 27 horas animando sin pegarse en la pera. Y eso está bien, porque Mario lo hace todo por los niños. Gasta su plata por los niños y utiliza su ilimitado poder en favor de los niños, y si se pega en la pera será por el bienestar de los niños. Mi abuelo decía que para la teletón jamás daría su dinero ganado en el negocio de los muebles antiguos, que antes lo pillaban muerto. Y yo he seguido los postulados de ese viejo mezquino en lo que a la Teletón respecta. A mi abuelo no le importaban los niños discapacitados. A mi tampoco. Mi abuelo incluso se burlaba de ellos y les decía tullidos. Yo no les decía tullidos porque me parecía innecesario, pero igual a veces coreaba la canción que cantaban mis compañero en el colegio: " yo no tengo manos ni tampoco tengo pies". Me parecía una canción muy graciosa y en ciertos aspectos tierna. No creo que un discapacitado se enoje por eso. Tendrían que ser muy tontos graves los discapacitados para enojarse por eso. Cuando jugábamos dominó con el abuelo y él tenía cáncer, el abuelo aprovechaba el tiempo que le quedaba en aclararme algunos aspectos de la Teletón. Representaba la cursilería intrínseca e insobornable del chileno medio, era el festival de la desgracia estética y moral, era el desfile de las mentes podridas de la televisión, era el imperio de Mario, sobre todo eso, el imperio de Mario. Cuando murió el abuelo habían 22 personas en el funeral. Mi madre me pidió que dijera unas palabras sobre el abuelo, que yo lo conocía más que todos de los que ahí estaban, pero me negué de inmediato. No quería decir nada sobre el abuelo, arisco y malhumorado. Nunca volví al cementerio, pero en estos días, cuando veo a Jaime Coloma y Rafael Araneda hablando de las 27 horas de amor por la televisión, me acuerdo a veces del abuelo.

viernes, 12 de octubre de 2007

Reinventar el amor
Crítica de cine


Los méritos fílmicos de Wena Naty! vienen dados por la aproximación hiperrealista de los realizadores a los conductos enigmáticos de la iniciación sexual. El manejo de cámara, suciamente impecable, funciona ya no sólo como recurso estilístico sino como declaración explícita de un cierto abandono, una forma prosaica de la distorsión mental posmoderna que se materializa ( o más bien se escurre) en una imágen saturada. Hay mucho cine aquí. Goddard desde luego. Buñuel, Jarmusch, Cassavettes. Es Wena Naty! quizás la parodia más descarnada y violenta del ridículo manifesto Dogme 95 y de su payaso central, Lars Von Trier. Aquí el director, cuyo nombre desconocemos, dirige a su actor ( el prestigioso Franco) en tiempo real, sin mediar conciencia de los escrúpulos del espectador ( y aquí podríamos empezar a nombrar las virtudes metaficcionales del film, cosa que no haremos) y de su desconcierto como consumidores no habituados a una ficción intervenida. La actuación de Naty, con un guiño imprescindible a la Chloe Sevigny de Brown Bunny ( Vincent Gallo ha pasado por acá, lo que quiere decir que Woody Allen ha pasado por acá) , es precisa, dramática pero a la vez juguetona. Hay dialogos de particular complejidad ( "muérdele la cabeza"), fina ironía ( "Si en ningún momento sale tu cara..."), tensión dramática ( " Saca las manos Franco nomás) y una estructura en apariencia simple, pero que mantiene la tensión a raya mediante la persistencia en la fragilidad, en el progresivo derrumbe psicológico de la protagonista ( desde Rosa Espinoza que no se veía tal intensidad actoral). Aunque, digámoslo, el verdadero protagonista de la cinta es el director, cuyo nombre, insisto, desconocemos, pero cuya voz escuchamos, y comprendemos, la nocíon de su presencia inserta en la seguridad de su ausencia (Wena Naty! como la peli de culto por antonomasia). Aquí está logrado lo que falla en el cine de Bize, de Raul Ruiz, en la visión pretenciosa de Campos, en la mediocridad de Boris Quercia, en las pachotadas del rumpy. Aquí el realismo esconde un terror cotidiano que arremete como un huracán contra la tradición chilena, y que de paso nos recuerda lo que Wena Naty ( traducida al ingles como "slut") introduce desde sus primeros y gloriosos encuadres, algo que todos intuímos y que no queremos, como seres dados al abismo, reconocer: esta es un a historia de amor, señores. El amor en tiempos de cólera.