miércoles, 11 de julio de 2007

Anno Domini


El sacerdote Xavier Aspurúa es el Diablo, un hecho que ha dificultado su actividad eclesiástica de los últimos cuarenta años. Aspurúa no lo supo hasta los veintitrés, algunos meses después de su egreso del seminario Benedictino, cuando tras violar y matar a la dulce infanta María de Castañon en las afueras de Parque Avendaño, sintió que una protuberancia le brotaba desde el ano. El sacerdote Xavier Aspurúa es cálido y bondadoso, querido y respetado en la comunidad creyente de Avendaño, Líder espiritual de personas importantes y vagabundos perdidos. Tiene un apego estricto a la rutina eclesiástica, ora sistemáticamente, y el martirio es una de sus muchas formas de entrega espiritual. Es por esto que ser el Diablo le dificulta en demasía su vocación de hombre devoto.

Cuando Aspurúa (que ya es un viejito encogido a estas alturas) se encuentra con niños encadenados en el sótano de su parroquia, con gimientes mujeres amarradas y siendo mascadas en el rostro por perros hambrientos, cuando Aspurúa se da cuenta que ha degollado a seres indefensos y los ha filmado en video para después comercializarlos en el Mercado Persa de Avendaño, y cuando nota que la protuberancia de su ano es ahora una larga y gruesa cola que asemeja un lagarto pegajoso y violento; se le inunda el corazón de tristeza, y Xavier Aspurúa piensa en el dolor de Cristo. Ese Cristo que tanto ama y que ha sido su eterno enemigo a derrotar.

martes, 3 de julio de 2007

Las puntas asesinas: un homenaje a Dimebag Darrell



Había teloneado Total Mosh, una banda nacional bastante mala, que tocaba una especie de metal industrial pobremente amplificado, forzado en su desgarro pero además una actitud estoica y rítmica en el escenario, una persistencia que los hacía salvarse, hasta cierto punto, de la inconmensurable mediocridad chilena que les acechaba. Era el teatro Monumental atestado y también pasó por ahí Puya, los puertoriqueños que decían “ Oasis, aquí está nuestra base” y bueno, todos la recuerdan, una canción perfectamente olvidable...
Estábamos esperando a los vaqueros del infierno

Un chascón prendió un paragua y lo pasó, las luces se apagaron y las patadas corrían y los charchazos y el headbanging y lo que sonaba era Walk ( “I've got more friends like you What do I do?”) y era sin duda lo que habíamos esperado desde que éramos niños. Yo miraba a Dimebag porque tocaba su Washburn de puntas asesinas, porque el señor Diamond Darrell era uno de mis héroes de la infancia y de eso no me arrepiento. Había que verlo solear enajenado, deconstruyendo escalas y alcanzando también melodías estremecedoras, riffs de antología, harmonicos demenciales y velocidades cocainómanas. Digamos que Pantera sonó bien, y eso. No sonó como en otros conciertos ( 101 PROOF) pero sí hubo la potencia que sacude los pisos, los ánimos desmesurados, las ondas cerebrales alteradas.
Hay un momento clave: Phil trae una bandeja con vasos plásticos de cerveza y comienza tirarlos. La turba sonríe y se da de golpes para alcanzar los vasos que lanza el jalado de Phil y todos están cagados de la risa, especialmente Phil, pero después los acordes submarinos y esa atmósfera onírica de Planet Caravan inundan el espacio, y algo de solemnidad se instala en el Monumental, y la cosa se ponía seria, por así decirlo, porque en esa maravillosa canción de Black Sabbath se dice “ caminamos por cielos interminables/ las estrellas brillan como ojos”. En este caso no había nada similar a la voz acuatica de Ozzy 1970 filtrada por un Leslie Speaker, no señor, sucedía que Phil cantaba la canción de manera desastrosa, completamente desafinada y en un tono distinto a la base, como si Phil no tuviera retorno de su voz o como si Phil estuviera deliberadamente arruinando el espectáculo y, de paso, la vida de los que ahí estabamos ( esto es sin duda una exageración adolescente). Era así: el señor Phillip Anselmo estaba cantando pésimo Planet Caravan y el señor Dimebag Darrell seguía siendo “el rock an roll” y Vinnie Paul descansaba. Los paraguas seguían corriendo entre la turba y me llegó una patada en el muslo. Cabeceamos con Fucking hostile ( To see, to bleed cannot be taught/ In turn, you're making us Fucking Hostile) Rito emocional, abusos en la infancia, llamada generacional, rabia sublimada con rabia. Un amigo de mi hermano recolectó las baquetas que lanzó Vinnie Paul, tras golpear a un chascón que se las había ganado legal. Eso es lo que ocurre en el círculo. Eso es lo que ocurre en la vida y también en el círculo. Y después el concierto se acabó, y yo pensé algo así como “ De no haber existido Ace Frehley, guitarrista de Kiss, no hubiera existido Dimebag Darrell" porque eso es lo que él mismo decía, pero yo me negaba a creer algo semejante.

Seis años después, en el día del aniversario 24 de la muerte de Lennon, Nathan Gale, un ex Marine esquizofrénico de 25 años de edad que aseguraba que Pantera le había robado sus canciones, entró al club nocturno Arosa Villa, en Ohio, donde tocaba Damageplan, escaló una cerca de casi 3 metros de altura y entró por el lado izquierdo del escenario, corrió hacia el lado derecho,donde se encontraba Dimebag. Gale lo tomó por el hombro y le disparó dos veces en la cabeza con una Beretta.
Darrell Lance Abott recibió un total de 6 heridas de bala. Murió en el acto.
Las puntas asesinas y la locura, la más pura estupidez humana, y la vida de un hombre se extingue arriba del escenario. Nada que encontrar ahí, no hay metáforas del rocanrol y la gloria. Nadie es un héroe por estar muerto.
Dimebag era, finalmente, como la sombra del suicidio. Su talento le quitó la respiración.