viernes, 12 de octubre de 2007

Reinventar el amor
Crítica de cine


Los méritos fílmicos de Wena Naty! vienen dados por la aproximación hiperrealista de los realizadores a los conductos enigmáticos de la iniciación sexual. El manejo de cámara, suciamente impecable, funciona ya no sólo como recurso estilístico sino como declaración explícita de un cierto abandono, una forma prosaica de la distorsión mental posmoderna que se materializa ( o más bien se escurre) en una imágen saturada. Hay mucho cine aquí. Goddard desde luego. Buñuel, Jarmusch, Cassavettes. Es Wena Naty! quizás la parodia más descarnada y violenta del ridículo manifesto Dogme 95 y de su payaso central, Lars Von Trier. Aquí el director, cuyo nombre desconocemos, dirige a su actor ( el prestigioso Franco) en tiempo real, sin mediar conciencia de los escrúpulos del espectador ( y aquí podríamos empezar a nombrar las virtudes metaficcionales del film, cosa que no haremos) y de su desconcierto como consumidores no habituados a una ficción intervenida. La actuación de Naty, con un guiño imprescindible a la Chloe Sevigny de Brown Bunny ( Vincent Gallo ha pasado por acá, lo que quiere decir que Woody Allen ha pasado por acá) , es precisa, dramática pero a la vez juguetona. Hay dialogos de particular complejidad ( "muérdele la cabeza"), fina ironía ( "Si en ningún momento sale tu cara..."), tensión dramática ( " Saca las manos Franco nomás) y una estructura en apariencia simple, pero que mantiene la tensión a raya mediante la persistencia en la fragilidad, en el progresivo derrumbe psicológico de la protagonista ( desde Rosa Espinoza que no se veía tal intensidad actoral). Aunque, digámoslo, el verdadero protagonista de la cinta es el director, cuyo nombre, insisto, desconocemos, pero cuya voz escuchamos, y comprendemos, la nocíon de su presencia inserta en la seguridad de su ausencia (Wena Naty! como la peli de culto por antonomasia). Aquí está logrado lo que falla en el cine de Bize, de Raul Ruiz, en la visión pretenciosa de Campos, en la mediocridad de Boris Quercia, en las pachotadas del rumpy. Aquí el realismo esconde un terror cotidiano que arremete como un huracán contra la tradición chilena, y que de paso nos recuerda lo que Wena Naty ( traducida al ingles como "slut") introduce desde sus primeros y gloriosos encuadres, algo que todos intuímos y que no queremos, como seres dados al abismo, reconocer: esta es un a historia de amor, señores. El amor en tiempos de cólera.

jueves, 4 de octubre de 2007

Crítica sin argumentación






Con Death Proof, Quentin Tarantino demuestra ser el cineasta más importante de nuestros días.